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30 jul. 2010

MINIS VACACIONES

Hola, hoy tengo ganas de contarles las mini vacaciones que armamos con una amiga, de repente y sin pensarlo.

En un día y medio organizamos el viaje. Comenzamos el martes el viaje salimos temprano de capital, nos tomamos el micro de Chevallier  el rápido para hacer al viaje mas corto en tiempo. Decidimos pasar el día en Belén de Escobar, donde recorrimos los tres circuitos que te presenta la Municipalidad de Escobar  

CIRCUITO Nº 1 : Plazas, Paseos, Jardines y Artesanías
CIRCUITO Nº 2: Belén de Escobar, Casco Histórico, Cultura y Tradición
CIRCUITO Nº 3  Belén de Escobar, Viveros, Barranca y Delta 

Una vez que llegamos a la Plaza General Don José de San Martín, la plaza central de la ciudad donde como en todo Pueblo o Ciudad se encuentra los edificios más importante, decidimos que ya era tiempo de almorzar, por la zona nos encontramos con unos cuantos lugares a parte también sabíamos que en la ruta hacia el Paraná de las Palmas se encuentras unas cuantas parrillas, nos decidimos por quedarnos en un restaurante frente a la plaza llamado Nico muy buena atención.

Continuamos con el recorrido por el centro de Escobar y luego nos dirigimos hacia el Paraná de las Palmas para lo cual nos tuvimos que tomar un colectivo local  el unico que nos llevaba para ahí.

Luego hacia la tardecita nos tomamos de nuevo en la terminal de Escobar el Chevallier  expreso que va a Zarate que para dentro de Campana donde teníamos hecha la reservas para pernoctar durante 3 noches , y en el segundo día recorrimos la ciudad. Según el recorrido del Portal de Campana

Desde que llegamos a la ciudad de Campana tuvimos varios inconveniente, empezando por el hotel, donde nos llevamos la primera decepción, si bien la habitación por ser un hotel para trabajadores estaba bien, lo que si dejaba bastante que desear en cuanto a limpieza y a funcionalidad  era el baño. Pensábamos recorrer la Reserva Otamendi pero esta se encontraba cerrada por un paro de los guía  y era por tiempo indeterminado. También nos encontramos que los diferentes museos de la ciudad se encontraban cerrados, debido que solamente abren los días  martes, jueves, sábados y domingos.

Con todos estos inconvenientes que se nos presentaron, terminamos recorriendo la ciudad en medio día y en vista que no nos quedaba nada más decidimos continuar el viaje hacia la ciudad de Lujan, para lo cual nos tomamos un colectivo local Línea 276 ramal Lujan.

Primero fuimos a buscar hotel en donde quedarnos, nos decidimos por el Hotel Biarritz, y como reza su tarjeta “…Calidez y Confort…” bien puesto esta. Una vez instalado y pudiendo dejar todos nuestro bártulos en la habitación, recorrimos la ciudad lo primero que hicimos fue entrar en el museo del transporte donde nos encontramos con la locomotora “La Porteña”  y todos los carros que se utilizaban en el siglo XVIII y XIX, tanto los de campo como también los de pasajeros, las carretas presidenciales y de los gobernadores de la Pcia. de Bs. As. Dentro de esta gamas las que mas nos impresiono fueron las carretas fúnebres todas negras y decoradas pero una de ellas tenia un estilo muy barroco a pesar que se utilizaron hasta los año 50 del siglo XX, es un sitio muy recomendable para que visiten cuado vallan a Lujan junto a la cripta que se encuentra en el 1º subsuelo de la basílica..Si bien no recorrimos todos los museos están todos muy interesantes para visitarlos.

Ya entrada la tarde decidimos almorzaren uno de los restaurante que se encuentra en el paseo de la rivera si bien el servicio fue bueno el costo del mismo fue muy elevado.

Un sitio que le recomiendo para hacer compras de recuerdos que no tiene nada que ver con lo religioso es “La Aldea” .

Pasamos la noche como le había comentado en Lujan, desayunamos en l hotel y a la mañana nos dirigimos al zoo de Lujan o también conocido como el de Gral. Rodríguez.

Un lugar extraordinario para pasar en familia o con amigos como fue mi caso. Pudiendo estar en contactos con los animales en vivo y en directo. Acaricie a tigres, a leones tuve a upa a un cachorrito de un mes de un león, me metí en la jaula de cachorros mas grande de tigre donde pude sacarles fotos cm de ellos sin ningún problema.

Acaricia también a dromedarios (parecido a los camellos pero de una joroba) era evidente que todavía eran cachorros, jugaron con mi mano se la llevaban entera a la boca.
Aquí termino mi minis vacaciones visitando diferentes ciudades de mi querido país. Los invito a que me cuente sus historia de viajes



13 jul. 2010

José Manuel Estrada

Haciendo honor a mi escula secundaria hoy le dedico la entrada a mi blog a Jose Manuel Estrada


Nació en Buenos Aires el 13 de junio de 1842. Estudió Filosofía, Ciencias Sagradas y Humanidades con Buenaventura Hidalgo. Desde muy joven inició, por medio de publicaciones periodísticas, una prédica a favor de la libertad y la democracia. A los veinte años publicó "El génesis de la raza" y "El catolicismo y la democracia".
La historia fue para Estrada una gran pasión y de ella extrajo enseñanzas morales y republicanas. Publicó "Ensayos sobre la revolución de los comuneros en el siglo XVIII". En 1873 fue nombrado profesor de Historia e Instrucción Cívica en el Colegio Nacional de Buenos Aires, materia esta última él inaugura en el país. El decreto que estableció esta cátedra disponía como texto de la asignatura la exposición de la Constitución de los Estados Unidos, escrita por Story. Estrada, al inaugurar la cátedra trazó un programa adecuado, tomando como base la Constitución Nacional y se ocupó de la organización política establecida por nuestra Carta Magna, de los deberes y derechos que este código fundamental prescribe y garantiza a los ciudadanos argentinos.
En 1876, pese a que carecía de título universitario, se lo nombró profesor de Derecho constitucional, donde dictó cursos que sus contemporáneos consideraban notables.
En esa época publicó La Política liberal bajo la tiranía de Rosas donde se ocupó del Dogma socialista y de los principios que animaron a la Asociación de Mayo. En 1878 aparecieron sus Lecciones de Derecho Constitucional.
Encabezó la oposición de los grupos católicos a la política liberal de Julio A. Roca. Junto a Pedro Goyena, M. Navarro Viola y Emilio Lamarca, redactó un periódico, "La Unión". Su prédica, que prolongó en la cátedra, determinó su destitución de la cátedra universitaria por el Presidente de la República, en 1884. La juventud universitaria, que protestó indignada por la destitución, llegó en manifestación hasta la casa del maestro, quien dijo "... de las astillas de las cátedras destrozadas por el despotismo, haremos tribunas para enseñar la justicia y predicar la libertad".
En 1886 ocupó una banca en la Cámara de Diputados de la Nación. En 1891, en la histórica asamblea que se reúneen el Frontón de Buenos aires, Estrada pronunció uno de sus últimos y brillantes discursos, al defender los derechos cívico.
En cuanto a sus ideas educacionales, debe destacarse la Memoria que publicó cuando se desempeñó como Jefe del Departamento de Escuelas de Buenos Aires. En ella expone sus críticas y señala los objetivos educacionales que, a su juicio, debían perseguirse. "Se enseñaba el dogma -dice- y se enseñaba mal. La instrucción de los niños ha consistido en el aprendizaje de memoria del Catecismo del Padre Astete, que conseguí desterrar de las escuelas".
Para Estrada, la función de la educación consiste en el arte de adaptar al niño y al adolescente a la sociedad en la cual debe vivir. "La educación –afirmaba- discretamente organizada y copiosamente distribuida, es el único medio de modelar en la Republica Argentina la personalidad del ciudadano y de adaptar los elementos sociales, tomados en su capacidad colectiva, al tipo de las instituciones libres, cuyo resorte es la aptitud universal para el gobierno propio".
Siendo ministro argentino en el Paraguay, murió el 17 de septiembre de 1894.

9 jul. 2010

Declaración de independencia de la Argentina

Independencia Argentina.JPG
Declaración de independencia de la Argentina

Alegoría de la declaración de independencia, obra de Luis de Servi.
Día de celebración 9 de julio
Lugar de celebración Argentina
La declaración de independencia de la Argentina fue una decisión tomada por el Congreso de Tucumán que sesionó en la ciudad de San Miguel de Tucumán de las entonces Provincias Unidas en Sudamérica. Fue proclamada el 9 de julio de 1816 en la casa que era propiedad de Francisca Bazán de Laguna, la cual fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1941. Con dicha declaración, se rompían los vínculos de dependencia política que los gobiernos locales tenían con la monarquía española.

Antecedentes

En 1814, el rey Fernando VII regresaba al trono de España. Esta situación le quitó argumentos de acción a los hombres que habían iniciado la Revolución de Mayo e instaurado la Primera Junta bajo la premisa de la Máscara de Fernando VII. Ya no podían actuar en nombre del rey de España porque éste volvía a estar en el poder efectivo. España quería reconquistar sus colonias. Los realistas (los partidarios del colonialismo) habían triunfado en Sipe-Sipe, Guaqui, Vilcapugio y Ayohuma y eran fuertes en el Alto Perú actual Bolivia. Desde allí pensaban atacar las bases de patriotas ya entonces al mando de José de San Martín e invadir todo el territorio de Argentina teniendo como objetivo la ciudad de Buenos Aires.
El 15 de abril de 1815, una revolución terminó con el gobierno unitario de Carlos María de Alvear. Los revolucionarios exigieron la convocatoria de un Congreso General Constituyente. Inicialmente se enviaron diputados de todas las provincias iniciando las sesiones el 24 de marzo de 1816. Cada delegado representaba 15.000 habitantes.

El Congreso de Tucumán

Artículo principal: Congreso de Tucumán
Varios territorios que habían pertenecido al Virreinato del Río de la Plata no pudieron hacer llegar sus representantes: algunos por haber recaído ante los realistas, otros por estar acometidos por la invasión luso-brasileña. Todas las provincias de la Liga Federal (Banda Oriental, Corrientes, Entre Ríos, Misiones y Santa Fe) intentaron allegar a sus representantes pero estos fueron aprisionados por los agentes del Directorio unitario instalado en Buenos Aires, sólo por su situación estratégica y por la habilidad de sus diplomáticos una sola provincia con gobierno federalista logró hacer llegar sus representantes: Córdoba la cual, aunque no logró hacer triunfar las ideas federales, sí representó el ideario preconizado por José Gervasio Artigas. En cuanto a Paraguay, tal territorio se declaró independiente (tras haber estado confederado) ante las actitudes hipercentralistas del Directorio establecido en la ciudad Buenos Aires, en cuanto a los territorios de la Patagonia, Comahue y el Gran Chaco se encontraban bajo el dominio de los llamados pueblos originarios. El Congreso se inició el 24 de marzo con la presencia de 33 diputados.
Es de notar que, pese a una hegemonía de representantes de las provincias con signo "unitario", el Congreso de San Miguel de Tucumán expresó muchas de las intenciones federales mantenidas por José de San Martín, Manuel Belgrano y Bernardo de Monteagudo, entre otros de sus principales realizadores. La situación de guerra abierta con la monarquía española y la creciente injerencia del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve hizo que, tácticamente, muchos de los que podían tener simpatías por el federalismo, decidieran abroquelarse monolíticamente en una especie de "unitarismo" coyuntural ante los ataques externos.
Por otra parte, el Congreso, en la memorable sesión del 9 de julio de 1816, reivindicó la casi totalidad de lo declarado en el llamado Congreso de Oriente reunido a pedido por José Gervasio Artigas en Arroyo de la China a mediados de 1815. Entre otras cruciales intenciones que se establecieron en el Arroyo de la China, en el Congreso de Tucumán se proclamó la declaración de independencia argentina respecto de España y (tras una semana) de toda otra dominación extranjera.
Según la decisión de los propios delegados, la presidencia del Congreso era rotativa y cambiaba cada mes. Este cuerpo, tenía además, la facultad de intervenir en casi todos los asuntos que se presentaban a su consideración. Esto provocó interminables debates.
La votación finalmente se concretó el 9 de julio. En ese momento presidía el cuerpo, el representante de San Juan, Francisco Narciso de Laprida. Ningún país reconoció, en ese momento, la independencia nacional. Las discusiones posteriores giraron en torno de la forma de gobierno que debía adoptarse para el nuevo Estado.
Las labores del Congreso continuaron en Buenos Aires, donde comenzó a deliberar en 1817, y donde sancionó la Constitución Argentina de 1819. El Congreso fue disuelto en 1820, tras la derrota del Directorio en la batalla de Cepeda, que marcó el inicio de la anarquía del Año XX.

Acta de la Independencia

Facsímil de la Declaración de la Independencia
 
Declarada por el Congreso de las Provincias Unidas en Sudamérica.
En la benemérita y muy digna ciudad de San Miguel de Tucumán a nueve días del mes de julio de 1816: terminada la sesión ordinaria, el Congreso de las Provincias Unidas continuó sus anteriores discusiones sobre el grande, augusto y sagrado objeto de la independencia de los pueblos que lo forman. Era universal, constante y decidido el clamor del territorio por su emancipación solemne del poder despótico de los reyes de España, los representantes sin embargo consagraron a tan arduo asunto toda la profundidad de sus talentos, la rectitud de sus intenciones e interés que demanda la sanción de la suerte suya pueblos representados y posteridad. A su término fueron preguntados ¿Si quieren que las provincias de la Unión fuese una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli? Aclamaron primeramente llenos de santo ardor de la justicia, y uno a uno reiteraron sucesivamente su unánime y espontáneo decidido voto por la independencia del país, fixando en su virtud la declaración siguiente:
"Nos los representantes de las Provincias Unidas en Sud América, reunidos en congreso general, invocando al Eterno que preside el universo, en nombre y por la autoridad de los pueblos que representamos, protestando al Cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia que regla nuestros votos: declaramos solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que los ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojados, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando séptimo, sus sucesores y metrópoli. Quedan en consecuencia de hecho y de derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exija la justicia, e impere el cúmulo de sus actuales circunstancias. Todas y cada una de ellas así lo publican, declaran y ratifican comprometiéndose por nuestro medio al cumplimiento y sostén de esta su voluntad bajo el seguro y garantía de sus vidas haberes y fama. Comuníquese a quienes corresponda para su publicación. Y en obsequio del respeto que se debe a las naciones, detállense en un manifiesto los gravísimos fundamentos impulsivos de esta solemne declaración." Dada en la sala de sesiones, firmada de nuestra mano, sellada con el sello del Congreso y refrendada por nuestros diputados secretarios.
El 19 de julio, en sesión secreta, el diputado Medrano hizo aprobar una modificación a la fórmula del juramento. Donde decía «independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli», se añadió:
"...y toda otra dominación extranjera"

Firmantes de la Declaración de la Independencia

Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas en Sudamérica, redactada en español y quechua.
Presidente
Vicepresidente
Secretarios
Diputados
Estuvieron imposibilitados de presentarse tres diputados:

Celebración oficial del 9 de Julio

El 6 de julio de 1826, el presidente Bernardino Rivadavia ordenó que el 9 de Julio se conmemorase juntamente con el 25 de Mayo pues consideraba que la repetición de estas fiestas irroga perjuicios de consideración al comercio e industria.
Pero Juan Manuel de Rosas, durante su segundo gobierno, y a punto de celebrar los 20 años de la declaración de la Independencia, dispuso mediante un decreto promulgado el 11 de junio de 1835, que la celebración del 9 de Julio debía hacerse con los mismos preceptos que el 25 de Mayo.
Se reproducen aquí los artículos primero y segundo del mencionado decreto:
Art. 1º- En lo sucesivo el 9 de Julio será reputado como festivo de ambos preceptos, del mismo modo que el 25 de Mayo; y se celebrará en aquel misa solemne con Te-Deum en acción de gracias al ser Supremo por los favores que nos ha dispensado en el sostén y defensa de nuestra independencia política, en la que fuese posible, el muy Reverendo Obispo Diocesano, pronunciándose un sermón análogo a este memorable día.
Art. 2º- En la víspera y el mismo día 9 de Julio, se iluminará la ciudad, la Casa de Gobierno y demás edificios públicos, haciéndose tres salvas en la Fortaleza y buques del Estado, según costumbre.[1

7 jul. 2010

Día de la Conservación del Suelo

El 7 de julio se celebra el Día Nacional de la Conservación del Suelo, establecido en 1963 por decreto de la Presidencia de la Nación en memoria del Dr. Hugh Hammond Bennet. El Dr. Bennet fue un investigador estadounidense que trabajó constantemente en busca de la preservación de la integridad del recurso natural suelo, cuya importancia es vital para la producción agropecuaria.


El suelo es un sistema dinámico y complejo cuya función no es sólo la de servir como soporte mecánico para el crecimiento de las plantas, sino que también es el medio a través del cual éstas toman el agua y los nutrientes que necesitan para su desarrollo. Por otro lado, el productor se "comunica" con el cultivo para lograr las respuestas que desea, mediante las prácticas de manejo del suelo que lleva a cabo (laboreo, riego, fertilización, etc.). Cuando un suelo se encuentra en condiciones adecuadas para cumplir con su función para la producción, se dice que es de buena calidad.



El uso irracional del suelo genera una alteración de sus propiedades que puede hacer que pierda parcial o totalmente su capacidad de cumplir con su función. Este fenómeno de disminución o pérdida de calidad del suelo se denomina degradación.



La erosión es el más grave de los procesos de degradación y se define como la pérdida de las capas más fértiles del suelo y, por ende, de gran parte de sus condiciones para producir. La misma puede ser producida por el agua (hídrica) o el viento (eólica). Por la acción de tales agentes climáticos, las capas superficiales son arrancadas de su emplazamiento original y transportadas hasta lugares a veces muy distantes. El suelo removido no podrá ser retornado, y tardará muchos años en volver a formarse. El resultado final de este proceso son tierras improductivas cuya condición es, en la gran parte de los casos, poco menos que irreversible.



De las 280.000.000 has que abarca la Argentina, 112.000.000 has (40%) están afectadas en algún grado por procesos de degradación, principalmente por erosión. Tierras de alto valor para la producción agrícola, se encuentran hoy dañadas por los efectos de este proceso. Se estima que, para las zonas húmedas de nuestro país, la degradación por estas causas se incrementó a razón de 250.000 has/año en los últimos 30 años. En lo que respecta a la zonas áridas o semiáridas, más de 21.000.000 has se hallan afectadas por erosión eólica, con incrementos de 60.000 has/año en ese mismo período.



El suelo es el principal capital con que cuenta el productor y por extensión, la comunidad toda, especialmente aquéllas que basan su economía en la producción agropecuaria. La responsabilidad de mantenerlo productivo no recae solamente sobre quienes estén directamente vinculados a su uso, sino también sobre aquellos otros miembros de la sociedad que de una u otra manera intervienen o influyen sobre el proceso productivo u obtiene beneficios a partir del mismo.



El problema de la erosión existe y no puede ser negado; las alternativas no son muchas: o se deja que nuestros suelos vayan perdiendo gradualmente su capacidad de producir, o se decide conservarlos para asegurar la subsistencia de las generaciones futuras. Por eso es de verdadera importancia crear la inquietud para que en forma conjunta productores, contratistas, profesionales, estudiantes, docentes, empresarios y toda la comunidad en general tome conciencia de los riesgos que implica la pérdida de un recurso natural de tan vital importancia como lo es el suelo.

5 jul. 2010

Esteban Laureano Maradona (1895-1995)

Nació el 4 de julio de 1895, en Esperanza, provincia de Santa Fe en Argentina.
Esteban Laureano Maradona fue un médico que no hizo otra cosa que cumplir con su tarea, con abnegación y una profunda vocación de servicio. Sin embargo, el compromiso que asumió como profesional, la labor desinteresada y solidaria, la denuncia de la injusticia y la defensa y atención de los indígenas y de los pobres, sumadas a la humildad con la que enfrentó el reconocimiento de su obra, valen por sí solas para destacar al hombre que orientó su saber y su esfuerzo en quienes nada tenían.
Obtuvo su título de médico en la Universidad de Buenos Aires, en 1926, con diploma de honor. Fue durante sus estudios, discípulo de Bernardo Houssay.
Hacia 1930, se radicó en Resistencia (Chaco), y hacia 1932 se alistó y trabajó como voluntario en el Hospital Naval de Asunción, durante la guerra del Chaco o "del petróleo". Llegó a ser director del hospital, sobre el final de conflicto.
Desde 1935, y durante 25 años, vivió en Estanislao del Campo, un pequeño pueblito en donde el tren que lo llevaba a Tucumán se detuvo a hacer un trasbordo de pasajeros, y donde se quedó a atender a una parturienta que se debatía por su vida y la de su hijo en un parto distóxico en medio del monte formoseño. 
Durante todos esos años, Maradona no solo atendió a los nativos sino que también estudió sus costumbres e incorporó a sus conocimientos los de la medicina tradicional aborigen.
La Universidad de Formosa se encargó de destacar su figura a nivel internacional: en tres oportunidades fue propuesto para el premio Nobel de la Paz, sin embargo y a pesar de no obtener nunca esa distinción, la Organización de las Naciones Unidas le entregó el premio Estrella de Medicina para la Paz.
Entre sus obras se destacan la construcción de una colonia para personas enfermas de lepra y también la fundación de la primera escuela bilingüe del país, una pequeña escuela que, en Formosa, impartía las clases para aborígenes, utilizando en parte su lengua. 
Entre sus otras obras, las producciones escritas, pueden citarse A través de la selva (1936); Recuerdos campesinos; Dendrología; Animales cuadrúpedos americanos (1935); El problema de la lepra; Vocabulario indígena toba-pilagá (1938).
Murió en Rosario el 14 de enero de 1995 a los 99 años.
Fue el "Doctorcito Dios", el "Doctor Cataplasma", el "Doctorcito Esteban", el "médico de los pobres", como lo llamaban sus pacientes, con profundo amor y devoción. 

“Asi viví muy sobriamente cincuenta y tres años en la selva – dijo poco antes de morir – hasta que el cuerpo me dijo basta. Un día me sentí morir y me empecé a despedir de los indios, con una mezcla de orgullo y felicidad, porque ya se vestían, se ponían zapatos, eran instruidos,
Creo que no hice ninguna otra cosa mas que cumplir con mi deber”

LUIS SANDRINI (1905 - 1980)

Luis Sandrini, nacido en 1905, era hijo de un actor de circo. Se recibió de maestro en San Pedro, donde comenzó a hacer teatro, junto con su hermano Eduardo. En 1927, ya en Buenos Aires, se inició en la vida teatral. En 1932 alcanzó un éxito importante, en la pieza Los tres berretines, de Malfatti y De las Llanderas, que interpretaba la compañía Muiño-Alippi. Al año siguiente fue llevada al cine, y de inmediato Sandrini tuvo un nuevo suceso con Riachuelo, que filmó con Moglia Barth. Desde entonces se convirtió en uno de los más populares actores de teatro y sobre todo del cine, actividad que en esos años tuvo un período de esplendor. Filmó, entre otras muchas, La muchachada de a bordo (1936), El cañonero de Giles (1937) y El diablo andaba en los choclos (1945), que previamente había sido un éxito teatral. En 1935 se casó con la actriz Chela Cordero, de la que se separó en 1943. Por entonces inició un largo romance con Tita Merello. En 1947 comenzó a filmar en el exterior, en México y en España. En 1949 estrenó en teatro Cuando los duendes cazan perdices, que se mantuvo en escena por más de cinco temporadas, antes de convertirse en un suceso cinematográfico. En 1952 se casó con la actriz Malvina Pastorino, con quien tuvo dos hijas.

Sandrini también incursionó con notable éxito en la radio, con su personaje Felipe, que se mantuvo casi veinticinco años y que en 1953 llevó a la televisión. Desde 1950 filmó regularmente una película por año, en ocasiones dos. Por entonces, era sin lugar a dudas el actor más popular del país. En 1976 tuvo una seria hemiplejia, de la que acababa de reponerse en ocasión de este reportaje. Ese año, 1979, filmó cuatro películas, y una más al año siguiente: La familia está de fiesta, que dirigió Palito Ortega. Acababa de concluir la filmación cuando murió, víctima de una hemorragia cerebral.

La nota de Alberto Amato se titula “De pie, señores: es nuestro Chaplin”.

Alberto Amato, que realizó una de las últimas entrevistas a Chaplin, se inició en la revista Antena en 1973 y pasó a Gente en 1977. En 1982, estuvo en La Semana y en 1985 realizó, para Editorial Perfil, El Diario del Juicio, sobre el enjuiciamiento a las juntas militares. En 1987 volvió a Gente, y en 1990 se incorporó a Clarín.

Entrevistado por Alberto Amato
Gente,
marzo de 1979


Bueno, mirá: creo que el remanente total que me ha quedado, ahora que acabo de cumplir setenta y cuatro años, es la vigencia. Creo que todavía puedo llegar a llenar un teatro, que es lo más difícil, porque eso comprende todo. Llenar un teatro quiere decir alguien que quiere contratarte, gente que quiere ir a verte. En suma: éxito. Y eso, te repito, para uno es el remanente total.

Hice lo que quería ser. Yo quería ser actor, ¿sabés?, bueno: lo fui. Después quise tener éxito y más o menos lo he tenido. Después quise perdurar, y al cabo de cincuenta años de hacer teatro descubro que estoy en vigencia. Pero en esto siempre se quiere algo más, siempre se quiere algo más...

Yo quise ser actor de la misma forma que otros muchachos quieren ser médicos, albañiles, remeros o dueños de una calesita. Mi padre era actor. Al principio él quería que mi hermano y yo estudiáramos, que siguiéramos una carrera. Le hicimos caso. Pero después (esto ya lo conté tantas veces) no encontramos nada mejor que meternos en el teatro. En aquella época era difícil entrar en un teatro. A nosotros, por el viejo, nos fue fácil. Entramos en la compañía de él. También fui vocacional en San Pedro. Después, cuando vinimos a Buenos Aires, vino el circo... ¿Qué queríamos? Llegar. Lo interesante, lo más importante para nosotros, muchachos de dieciocho años, era llegar.

Hoy, después de cincuenta años de andar por los escenarios, sigo creyendo que lo más importante es llegar.

¿Adónde? No sé. Creo que en el teatro no se llega nunca. No sé. No conozco a nadie que, en el teatro, pueda decir: yo he llegado.

¿Querés que te cuente una cosa? Yo, a los dieciocho años, quería ser actor y llegar. A los veinte años creí que ya había llegado. A los veinticinco me di cuenta de que todavía no había llegado. Y hoy, a los setenta y cuatro años, descubro que no voy a llegar nunca.

Estaba sentado en un sillón, frente a su escritorio frente a una pared con algunas plaquetas, un par de sables con cintas argentinas, unas fotos de su mujer y de sus hijas, trofeos. Frente a una biblioteca enorme, si miraba a su izquierda, por los finos espacios que dejaba la cortina de la ventana, veía el parque, a sus seis perros corriendo y ladrar al sol y a las sombras. Por momentos, antes de contestar, perdía los ojos en los estantes cargados de libros que tenía frente a él. Antes de empezar la entrevista había saludado a un viejo amigo, un iluminador que pasó a saludarlo. “Merayo, ¿cómo estás? ¿Cómo anda la patrona?” Y antes de la primera pregunta había dicho: “Ah, sí ¿viste? La puerta de calle siempre está abierta para el lumbago. Entra y se va cuando quiere...”.

–¿Qué es un actor, preguntás? No sé. Eso no se sabe. Nadie sabe qué es ni hasta dónde puede dar. No es fácil ser actor. No es fácil ser artista, quiero decir. Todo lo que es artístico es difícil porque siempre nace uno que es mejor. Y tampoco se podría decir qué cree el público que es un actor. Siendo yo un artista ya no soy público: entonces no puedo opinar. Te digo que no te la hago fácil, pero no me preguntes qué es ser más, qué es querer llegar. Yo sólo sé que todos quieren ser más y llegar...

Sobre la mesa ratona, frente a él, había un libro: Charles Chaplin, el genio del cine. Era uno de los regalos de cumpleaños (nació el 22 de febrero de 1905). Le preguntamos si quería tomarse unas fotos en el parque de su casa de Martínez con ese libro en la mano. Salió, caminando con dificultad después del ataque de hemiplejia que lo derrumbó en diciembre de 1976, pero que no le impidió volver al escenario, hacer giras por Estados Unidos y México, firmar contrato para una próxima película (lleva filmadas más de setenta, incluyendo la primera sonora del cine nacional), salió, decía, al parque, libro en mano. Se sentó en una silla, en medio del parque. Mientras el fotógrafo cambiaba los lentes miró el título del libro, hojeó unas páginas y dijo: “¿Ves? Este tampoco llegó. Buscó y buscó. Siempre quiso hacer algo mejor. Quería llegar a más. Buscó y buscó. Murió buscando. La vida de un actor es así. ¿Sabés por qué?”.

“Porque cuando vos hacés una película buena, después... ¿qué hacés? Hacés un éxito en teatro, o en cine, o en el que quieras. ¿Y qué lográs? Saber más del oficio. Te es mucho más fácil hacer lo que ya hiciste. Pero te es mucho más difícil hacer algo mejor a lo que ya hiciste. Es una cosa muy compleja... Muy compleja... Pero todo esto que te digo yo ya lo sabía. Hijo de actores como era, sabía que esta vida no iba a ser fácil, que cada vez iba a hacerse más difícil. Sin embargo tuve suerte. Como todos, fui dejando cosas en el camino.”

–¿Qué es lo más importante que dejó en el camino?

–La vida. Nosotros los actores, hemos dejado atrás muchas vidas. Hemos vivido vidas de otros, vidas de ficción, y después se las hemos quitado. Eso no se puede definir, supongo que les debe pasar a todos los actores. También hemos dejado atrás el aplauso. El placer de ver al público palmearte la espalda. Porque hay una cosa clara: todos queremos gustarle a muchos. Es el camino para hacerse popular, es el éxito. Y el artista busca el éxito, y el éxito ¿qué es?: el público.

–Muchas veces me asombro ante la necesidad del artista de sentir al público cerca de él, de palpar el reconocimiento, de saber que en ese momento él está trascendiendo. ¿Eso es tan importante para un actor?

–Es lo fundamental. ¿Qué me dio el teatro, querés saber? Creo que le tengo que restar valor al ser actor. Está bien: por ser actor dejo la vida. Pero el teatro también me da la vida. El que lea esta nota podrá pensar: ¿Y a mí lo que me costó llegar? Y, te repito, ese que lea la nota y piense así puede ser un médico, un remero, un bailarín, un escalador de montañas. A todos nos cuesta, si es que hacemos las cosas con ganas y, a veces, aun haciéndolas con ganas tiene que intervenir la suerte. Yo tuve suerte. Médico, bailarín o escalamontañas, una vez llegado adonde se propuso en un principio, el hombre siempre quiere escalar un poquito más. ¿Cuál es la misión del médico? Salvar vidas. Pero también él tiene una vida y tiene que salvarse. ¿Para qué? Para seguir aprendiendo, investigando y salvando vidas. Esas son ambiciones. Los actores tenemos ambiciones como cualquier otro tipo.

Le dijimos que queríamos hacerle algunas fotos más, pero caminando por el jardín. Se levantó del sillón del parque con cierta dificultad, pero rechazando la ayuda de mi mano. Amagó dejar el libro sobre el sillón y, simultáneamente, su mujer y el fotógrafo le dijeron: “No... con el libro está mejor, es más lindo”. Entonces titubeó. Movió la cabeza a derecha e izquierda. Casi resignado, conservó el libro en la mano derecha. Y antes de empezar a caminar se dio vuelta, con un brillo de picardía en sus ojos marrones y refiriéndose a esos actores novatos que no saben qué hacer con las manos y a los que el director les pone un diario, una carpeta o un cuaderno, dijo: “Está bien, si quieren me saco las fotos con el libro. Pero miren que el libro en la mano es recurso de principiantes”.

Las fotos, por supuesto, lo muestran caminando sin el libro.

El fotógrafo le dijo: “Ahora, don Luis, le voy a hacer algunos primeros planos”. Sonrió. Pensó un poco y contestó: “¿Sabés cuántos primeros planos me habrán hecho? Calculá: son veinticuatro fotogramas por cada segundo de película, y llevo más de setenta películas hechas...”.

–¿Y usted qué le dio al teatro?

–Nada. De verdad: yo no le di nada al teatro. Todo fue para el público. Le habré dado mis actuaciones, pero nada más. Nunca me vi en teatro. Ni siquiera eso le pude dar: una crítica inteligente de una actuación. Después, como todo actor, me di mis gustos. No entré en la onda de las malas palabras. Antes de ser actor las decía muy bien. Pero después me las olvidé todas. Cuando me hice actor no las recordé más. Una sola vez, en una película dije una mala palabra. Dije: “qué... soy”. Y era un insulto a mí mismo. Lo que vos me dijiste recién me halaga, pero no me gusta. Preguntabas si yo tengo conciencia de que soy uno de los grandes del teatro nacional. Te digo: no. Pero sé que trabajé con los grandes del teatro: Muiño, Alippi, Parravicini, Casaux, y como me voy a olvidar de algunos poné etcétera, que con etcétera arreglás todo.

”Estos reportajes son muy difíciles, porque una de dos: o se cuentan miserias o uno entra a halagarse. Y como halagarse es muy feo... Yo creo que de los grandes ya no hay más.

”Al final me dejaste pensando en lo que le di al teatro y aquella pregunta del principio sobre adónde querer llegar. No te pongas contento que no tengo ninguna respuesta nueva. Pero me olvidé de decirte que todas mis interpretaciones, todos mis personajes fueron hechos para que le gustaran al público. No porque me gustaran a mí. Por eso decía que yo al teatro no le di nada, que todo se lo di a la gente. Cuando el personaje me gustaba a mí, generalmente le gustaba al público. Pero nunca hice nada que me gustara a mí solo, sin importarme qué diría la gente. Porque además hace rato que se acabó aquello de que el público no sabe nada. En este país todo el mundo lee y escribe y sabe bastante de espectáculos. Tal vez haya uno, diez, cien, mil, que no saben nada de cine. Pero una sala llena habla de una inteligencia colectiva. Y cuando la gente dice sí, es sí en todas partes del mundo.

–Hemos hablado casi exclusivamente de teatro y poco y nada de cine o de televisión.

–La televisión ha sido lo menos fuerte mío. Pienso que la verdadera fuente del actor está en el teatro. A un primer actor de teatro vos lo ponés a hacer cine o televisión y lo hace. A un primer actor de cine lo ponés a hacer teatro y le cuesta un poco más.

El fotógrafo le pidió que se dejara tomar unas pocas fotos más, las últimas, detrás de un escritorio, el que da la espalda a la ventana y al parque. Alzó una mano y, terminante, dijo “no”. Después, con una sonrisa: “¿Sabés por qué? No me gusta parecerme a esos fulanos que los nombran en cualquier puesto y lo primero que hacen es sacarse una foto detrás del escritorio”. Se sentó en un sillón, delante de su escritorio, claro está.

“Tal vez yo sea el menos indicado para hablar de actores. Hay, sí, una gran diferencia entre los actores de mi generación y los de esta generación. Antes los actores se calificaban por lo que habían hecho, por lo que habían estrenado. Y además prácticamente había sólo teatro: televisión no, y apenas radio. Además, la función del crítico es discutible. ¿Hay una escuela de críticos? No. Y si la hubiera: ¿quién enseñaría? Otra cosa: ¿quién enseña a los actores? Vos tenés a los médicos (hoy la tengo con los médicos), ¿quién les enseña en la universidad? Otros médicos. Si a vos te tienen que abrir la barriga y te dicen: ‘Aquí le traemos a este estudiante, le faltan tres materias para recibirse, pero si viera qué buen estudiante que es...’. ¿Vos qué hacés? No te dejás abrir. Porque es tu panza, porque además duele y porque es tu vida. Exigís que te opere un profesor. En el teatro no hay una persona que te enseñe. Yo creo que lo que enseña es el escenario. Por eso es tan larga la carrera del teatro. Después, no hay mayores diferencias con las otras profesiones. De todos los médicos que egresan, sólo unos pocos llegan a ser eminentes médicos. Y de todos los actores que hubo y hay, muy pocos llegan a ser grandes como los que nombrábamos hace un rato. Al fin y al cabo, para tocar la guitarra solamente hace falta una guitarra y un rancho. O una guitarra sola, dejá el rancho. Y sin embargo ser concertista de guitarra puede ser la carrera más larga de un músico. Algo hay que poner, no sólo las cuerdas. Para ser actor lo mismo. Y depende de qué clase de actor se quiera ser. Porque no hay dos actores iguales y no debe haberlos nunca.”

–Hablemos un poco de su vida.

–Mi vida... Fue como la vida de todos, como la de cualquiera. He vivido muchos años, he viajado mucho, he conocido gente muy importante y de la otra... Mirá: soy un tipo vulgar. Al ser vulgar, soy normal. Al ser normal, me felicito.

–¿Por qué dice “soy un tipo vulgar”?

–Porque pertenezco a los muchos. Y de eso doy gracias a Dios, en el que pienso como toda persona normal.

–Estos setenta y cuatro años vividos, viajados, entre gente importante y de la otra, ¿le dan hoy una visión particular de la gente, del mundo?

–No. No más que cuando era más joven. La gente es toda distinta una de otra. Eso lo aprendí de muy joven. Y hay buenos y malos, como siempre. Cambia el mundo, nada más.

–Hace dos años y unos pocos meses, en un piso más arriba de donde ahora estamos hablando, usted se debatía entre la vida y la muerte. Un domingo, una semana después de su ataque, yo lo escuché hablar y bromear sobre la muerte. ¿Ha vuelto a pensar en ella?

–Sí. ¿Sabés?, no le tengo miedo. Pienso... La imagino... Mirá, de antes de nacer no me acuerdo nada. Creo que tampoco te vas a acordar de nada después de que te morís. Cuando nacés lo primero que hacés es llorar. Cuando te morís, lloran los demás, si es que alguno llora. No tengo ningún testamento escrito. No hace ninguna falta.

–Un testamento que sirva para legar ese escritorio, esos libros, esta casa, un testamento para eso tal vez no haga falta. Pero, ¿qué hay del testamento que no se escribe, el que habla de las cosas que no se ven, que no se tocan?

–Tampoco hace falta. Creo que no dejo nada. Tal vez algún consejo. Pero no me gusta dar consejos. Hay que estar muy seguro para dar un consejo. Pitigrilli decía que hay que saber equivocarse solo. Si me muero dejo lo más importante para mí: mi familia. Tengo una linda familia. A Malvina la encontré cuando más la necesitaba. Hace veintisiete años que estamos casados. El actor también necesita una familia. Y, además, la mujer es el mejor amigo del hombre. Los hijos, prácticamente, son patrimonio de la madre. Malvina me ayudó mucho, mucho, y un actor también necesita que lo ayuden, necesita un clima feliz. Sobre todo un actor cómico. Es muy difícil repartir humor, buen humor, no siendo feliz.

Contó diez, cien anécdotas. Una: estaban dando en el teatro Cuando los duendes cazan perdices. Temporada exitosa. Varios años en cartel. Las colas de la gente para sacar las entradas daban la vuelta a la manzana alrededor del teatro. Sandrini, entonces, mandaba a alguien para comprar termos de café y los hacía repartir en la puerta. “Claro, como la cola era doble, se le daba café al que sacaba la entrada, o sea al primero y al último, al que tenía que dar toda la vuelta a la manzana. Porque antes de que el pobre hombre llegara a la boletería iban a pasar horas.” Otra. “También cuando dábamos Cuando los duendes cazan perdices..., no había más entradas para nadie. Ni nosotros teníamos para repartir a nuestra gente. Yo me hacía lustrar los botines enfrente, por un tano lustrador que había. Un día, mientras él trabajaba, comenté que me habían llegado parientes de afuera, que necesitaba entradas y que no tenía ninguna. Ah, señor Sandrini, me dijo, no se preocupe. Yo saqué siete. ¿Siete? –le dije–, ¿para qué tantas? ¿Cuántos son de familia ustedes? Ma’no, ¿qué familia? –me contestó–. Yo las compré para poder revenderlas. Le compré las siete. Las pagué el doble...”

“Sí, yo me equivoqué solo, sin consejos, muchas veces. Pero creo que, por lo general, en cosas pequeñas. Recién, cuando dije que iba a volver a filmar, los dos, vos y el fotógrafo, me miraron sorprendidos. Y sí, voy a seguir trabajando. ¿Por qué? Porque creo que puedo. Porque para mí es lindo poder seguir haciéndolo. Y porque creo que, finalmente, lo único que perdura es eso: las cosas que gustan. De la misma forma que en mí perduró siempre mucho más Felipe que cualquier otro personaje. Porque gustaba, me gusta a mí, y porque duró tanto tiempo, más de veinticinco años en la radio. Bueno, Felipe perduró en mí. Y yo terminé creyendo que lo único que perdura es lo que gusta. Por eso también vuelvo a trabajar. Y porque no me lo prohíben. También porque supongo que lo siento, porque quiero seguir creyendo que la gente con humor vive mejor, contagia menos, tiene menos problemas y menos dificultades. Y también (esto está de más que te lo diga) porque halaga mi vanidad...”

“¿Qué más...? Que he conocido muchos críticos, que he conocido muchos diarios y revistas, que me hicieron notas en muchas partes del mundo y que hoy, a los setenta y cuatro años, me sorprendo cuando un hombre joven cree que yo, todavía, puedo decir algo interesante.”

Sylvia Saítta y Luis Alberto Romero, Grandes entrevistas de la Historia Argentina (1879-1988), Buenos Aires, Punto de Lectura, 2002.

“Se ha hecho todo lo posible para localizar a todos los derechohabientes de los reportajes incluidos en este volumen. Queremos agradecer a todos los diarios, revistas y periodistas que han autorizado aquellos textos de los cuales declararon ser propietarios, así como también a todos los que de una forma u otra colaboraron y facilitaron la realización de esta obra.”